El nuevo desafío es retener el talento femenino en la industria minera

Agosto 1, 2026

Aun cuando el Monitoreo de Indicadores de Género de la Alianza CCM-Eleva muestra que las mujeres representan el 24,1% de la dotación de la gran minería y el sector consolida su liderazgo internacional, la alta rotación durante el primer año de trabajo plantea el siguiente reto para este sector.

Equidad de género:

Chile sigue fortaleciendo su posición como uno de los países con mayor participación femenina en la minería a nivel mundial. Según el Monitoreo de Indicadores de Género de la Alianza CCM-Eleva, durante el primer semestre de 2026, las mujeres representaron el 24,1% de la dotación de la gran minería, equivalente a 12.413 trabajadoras. El avance es significativo si se compara con 2014, cuando la presencia femenina alcanzaba apenas el 7,7%, consolidando una transformación que hoy ubica al país por sobre potencias mineras como Australia, Canadá, Sudáfrica y Estados Unidos.

El estudio muestra, además, que la contratación de mujeres llegó al 28,5% en los primeros seis meses del año, reflejando que las oportunidades de ingreso a empresas mineras siguen al alza. Sin embargo, el foco comienza a cambiar desde la incorporación hacia la permanencia y el desarrollo profesional, en un escenario donde la rotación femenina durante el primer año de trabajo duplica la de los hombres.

Para Laura Alvarado, presidenta de Woman in Mining (WIM) Chile, el crecimiento responde a un cambio estructural en la forma en que la industria entiende la diversidad. “Celebramos con legítimo orgullo haber alcanzado un histórico 24,1% de participación femenina en la gran minería, según los reportes recientes. Sin embargo, mi evaluación es que este número es un punto de partida, no la meta. El principal factor de este avance ha sido un cambio de paradigma: la incorporación de la mujer dejó de ser una conversación aspiracional o un cumplimiento de metas, para consolidarse como una necesidad estratégica del negocio”, afirma.

Del acceso a la permanencia

Los datos del monitoreo muestran que la principal brecha ya no está en el ingreso de mujeres a la industria, sino en su permanencia. La rotación femenina durante el primer año alcanza el 25%, lo que pone en el debate la necesidad de fortalecer las oportunidades de desarrollo, el acompañamiento profesional, la conciliación entre la vida laboral y personal y la construcción de entornos laborales más inclusivos.

Desde Compromiso Minero, su directora ejecutiva (i), Christel Lindhorst, señala que este fenómeno obliga a mirar con mayor profundidad las condiciones que enfrentan las trabajadoras una vez que ingresan al sector. “Sabemos que durante el primer año la rotación femenina es mayor que la masculina. Por eso no basta con abrir las puertas, también tenemos que entender qué está dificultando esa permanencia. En ese sentido, el trabajo que está impulsando CCM-Eleva para estudiar esas causas será muy valioso para tomar decisiones basadas en evidencia”, expresa.

Coincide Alvarado, al comentar que “hoy la barrera fundamental ya no radica exclusivamente en el ingreso a la industria, sino en la retención del talento y en la transformación cultural de los entornos laborales. Si bien hemos sido muy eficientes abriendo las puertas, el verdadero desafío actual consiste en evitar la fuga de ese talento, facilitando el acceso a roles de decisión y alta dirección, así como consolidando referentes sólidos para las futuras generaciones”.

Romper estereotipos

Si bien las cifras muestran avances, persisten barreras culturales que siguen influyendo en la elección de carreras vinculadas con la minería. Lindhorst advierte que “todavía persiste la idea de que la minería es un trabajo ‘para hombres' o que requiere de fuerza física. Ese prejuicio muchas veces aparece antes de que una joven siquiera piense en estudiar una carrera relacionada con esta industria”.

En ese sentido, destaca iniciativas impulsadas por Compromiso Minero junto a empresas, instituciones de educación superior y organizaciones del ecosistema, orientadas a mostrar la diversidad de profesiones que hoy ofrece el sector. “En campañas como ‘Soy Miner@ y me encanta' y ‘Por eso soy Miner@' hemos querido visibilizar historias reales de mujeres que hoy están transformando esta industria. Mientras más visibles sean esos ejemplos, más jóvenes podrán verse reflejadas y podrán mirar a esta industria como un espacio de desarrollo”, afirma.

La transformación tecnológica también favorece una mayor participación femenina. Para Alvarado, “la tecnología equipara y facilita las condiciones de la operación. Hoy la industria requiere competencias analíticas, resolución de problemas complejos, innovación y pensamiento crítico. Además, la creación de Centros Integrados de Operaciones mejora la calidad de vida y la integración familiar, lo que ataca directamente el problema de la retención. La tecnología es el gran habilitador de la diversidad”.

Lindhorst comparte ese diagnóstico y plantea que el siguiente paso consiste en consolidar los avances alcanzados. “Tan importante como seguir incorporando mujeres es asegurar que puedan desarrollar una carrera de largo plazo. El desafío ahora es fortalecer las políticas de permanencia, generar más oportunidades de desarrollo y aumentar la presencia de mujeres en posiciones de liderazgo”, concluye.

En este escenario, el desafío para la industria apunta a transformar el avance cuantitativo de los últimos años en un cambio estructural que permita consolidar carreras de largo plazo, ampliar la presencia femenina en posiciones de decisión y seguir fortaleciendo una minería más competitiva, diversa y representativa de la sociedad chilena.

Durante el primer semestre de 2026, según el Monitoreo de Indicadores de Género de la Alianza CCM-Eleva, 12.413 trabajadoras se desempeñaron en la gran minería. Archivo El Mercurio